Tras abandonar Galisteo rumbo a Carcaboso, faltando un tercio de la ruta, se nos acaba la batería del ordenador portátil donde llevamos anotados los comentarios sobre cada waypoint que me iba cantando Baas cuando el garmin nos avisaba de su cercanía. Así que comenzamos a navegar de manera intuitiva, solo guiados por el GPS en modo “fuera de carretera” que solo indica la línea recta entre dos waypoints y el mapa de carreteras que Baas había tomado y solo servía de referencia para saber entre que dos pueblos podíamos estar. El anochecer nos acecha ya cuando nos enfrentamos al rio Jerte. Baas, con buen criterio, no hace nada más que repetirme las indicaciones de la revista de la que habíamos sacado la ruta. “Si está muy crecido tienes un itinerario alternativo, tomando la carretera de Carcaboso dirección Plasencia” No había hecho 160 Km para perderme el vadeo más espectacular de la ruta. Así que en el primer tercio del rio bastante crecido parecía que todo iba bien. Los remolinos en la parte central me hacían presagiar que la profundidad podía ser algo preocupante, pero estaba determinado a cruzar el Jerte con el tatatanke. Efectivamente en el segundo tercio, el nivel del agua comenzó a subir casi a la altura del filtro de aire. Debía pensar deprisa y actuar más rápido aun. Detrás, 20 Km de pista despoblada y no estaba seguro de que la marcha atrás no me hundiera más en el lecho del rio. Delante, la posibilidad de hincar el morro en el centro exacto del rio y sin el ordenador sabíamos que quedaban 9 waypoints pero no sabíamos cuanta distancia a la población ni carretera más cercana. Todo esto a escasos 15 minutos de que nos cubriera la noche. Divertido, a que sí. Este planteamiento, sin detenernos, lo hice en decimas de segundo y en centésimas aceleré más, sin brusquedad, progresivamente, con la esperanza de que con el impulso, en el peor de los casos, el motor se parase cuando el morro asomara en la otra orilla. ¡Bravo! Ahora sé que con la reductora no me equivoque al bautizarlo como tatatanke. No solo salió airosamente del rio, si no que además dobló, como si de cartón se tratara, la protección de la transmisión que se había enganchado en algo en el fondo, sin ni siquiera enterarnos hasta que no estuvimos bien fuera. La lastima fue que después de desmontar la protección dañada era noche cerrada y como no sabíamos a qué distancia estábamos de Plasencia nos quedamos con las ganas de visitarla. De ahí a Madrid velocidad de crucero sin una tos. Seguro que existen todoterrenos mejores, pero no tenemos nada que envidiarlos. Además ya os lo dije, estos coches son especiales.
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