martes, 20 de octubre de 2009

Tejera Negra - Hoces del Duratón 8/07/2009

Por fín decidimos reintentar la ruta Campillo-Sepúlveda que arranca de Tejera negra y que al final del invierno se nos resistió debido a la nieve. Volvimos ilusionados a Majaelrayo, pero nuestra primera decepción fue que no había un mal garito abierto para tomar un café a las 10 de la mañana y menos en miércoles. Así que tomamos la pista hacia el Cantalojas. Aún se veían los restos de los arboles troceados que unos meses atrás atravesados en la pista nos impidieron el paso, según los lugareños este invierno sufrieron un autentico vendaval. La segunda decepción fue que el paisaje sin nieve no era tan espectacular como esperábamos y la pista carecía de dificultad alguna, hasta el punto que lo más impresionante del tramo fue la magnífica polvareda que levantaba el Tati a su paso y, por lo pintoresco, el momento de cruzar el rio Lillas sobre un puente de pizarra. No nos detuvimos en el Hayedo de Tejera negra pues por circunstancias deseábamos regresar temprano. La ruta tomada de la revista Autobild 4x4 nos lleva hasta las hoces del Duratón, pero y aquí vine la tercera decepción, desde cantalojas hasta pasado Riaza no abandonamos el asfalto, si bien es cierto que cruzamos lugares curiosos como una planta eólica, la población de Ayllón. Tras cruzar Riaza volvemos a mascar el polvo del camino, nada muy complicado, pista de pedregal y poco más. Con estas decidimos comer en una acogedora zona de recreo arbolada junto a un riachuelo en Fresno de Cantespino. Magníficamente acondicionada con mesas y bancos de granito, mucha sombra, 3 caños de agua fresca, algunas barbacoas convenientemente precintadas porque en verano está prohibido utilizarlas, algunas ranas y culebras de agua en el arroyo lindante. Tras el refrigerio si tuvimos oportunidad de vivir experiencias off-road, en alguna rampa pronunciada un fly (vuelo) más por gusto que por necesidad, pues disponíamos de pasos alternativos,eso si a Carlos se le quedo la cara trastornada de la impresión. Otras zonas muy arcillosas nos invitaban a volver en épocas húmedas. Hubo momentos en que la navegación fue la protagonista, la diferencia de color de la vegetación más castigada era el único indicio de rodadas y la presencia de una vía férrea la confirmación de que estábamos en el buen camino buscando el punto adecuado por donde cruzarla. De todos modos esta vez tenía como navegante a mi hijo pequeño, con 13 años me asombró con una capacidad innata para interpretar rutas, me estaré haciendo mayor. Así llegamos a Boceguillas desde donde un corto tramo de asfalto nos condujo al núcleo de población El Olmillo, al que no le falta su iglesia con sus nidos de cigüeñas en el campanario. Desde aquí descendimos entre campos de cereales y cosechadoras trabajando hasta el rio Duratón. El paisaje cambió drásticamente al cruzarlo por un pequeño puente de piedra y seguir la ribera hacia Sepúlveda. Un corto tramo, calzado el Tati entre paredes rocosas y la margen del rio fue un regalo para nuestros sentidos. La espesa vegetación y lo estrecho del cañón otorgaban una iluminación tenue acorde con el manso discurrir de las aguas cubiertas por un manto de algas verdes. El tedio de la jornada matinal era un escaso precio por el espectáculo que estábamos disfrutando. En Sepúlveda nos detuvimos a repostar en una gasolinera desde la que se puede obtener una vista general del pueblo tendido en la ladera del valle. Una vez abandonamos Sepúlveda por su parte más alta, encaramos una pista por la que ganamos un punto elevado. Como siempre con las gomas del Tati al borde del precipicio que nos otorgaba una vista privilegiada sobre las Hoces del Duratón, podíamos apreciar el verde del fondo del valle por donde transita el rio contrastando con el secarral de la parte alta expuesto a la solanera y el aire abrasador. La naturaleza nos volvió a premiar con un nuevo espectáculo. En una cornisa cercana un grupo de una media docena de buitres mataba el rato observando nuestras evoluciones y escuchando mis maldiciones por no disponer de un zoom mayor en la Nikon que me permitiera obtener mejores planos sin correr el riesgo de espantarlos al acercarme a pie. De vuelta al Tati un grupo de cigüeñas se mostraron más coquetas posando sin reparos en un campo recién segado. Cruzamos varios cauces secos que nos acabaron de confirmar que el primer intento en febrero deberíamos haberlo dejado para Abril. Sin embargo conseguí desprender una reflexión de esta ruta, aunque lo que nos mueve es la conducción por terrenos complicados, el espectáculo es la naturaleza y nuestra máxima debe ser disfrutarla con respeto. (Claro mientras nos dejen)
 

II CONCETRACION TATA TARRAGONA DIA II 14/06/2009

Después de un reparador sueño, al menos para mí que debido a mi tamaño había dormido durante las dos noches anteriores con los pies sobresaliendo por la puerta de la tienda de campaña, nos preparamos para afrontar una nueva etapa. Limpieza de parabrisas, fruta fresca y  agua para el camino, entre tanto fueron incorporándose otros ilustres miembros de foro, Fofo y Luis, que no pudieron acudir el día anterior pero que no podían resistirse a compartir algunos kilómetros con nosotros. A través de unos enormes ventanales,  de los que aún colgaba el final de la primavera, el sol, preludiando el verano, anunciaba otro caluroso día. Inundaba el comedor de la pensión Toldrá donde el café era acompañado de tostadas untadas con tertulias de transmisiones y barras de torsión. Como el restallar de las espadas cruzadas de Tres Mosqueteros  prestos al combate brotaban los coloquios sobre mecánica Tatera cada vez que Safarito, Fofo, y Luis coincidían en 2 metros cuadrados. Si hubiera un premio a los Brico-frikis  se lo habrían llevado de calle. Cada vez que los veías juntos no cabía duda, tornillería, juntas y muelles brotaban de sus bocas, quedé impresionado con el despliegue técnico-mental. Tras disfrutar unos breves minutos de las calles de Ulldemolins reemprendimos la ruta ganando por asfalto el inicio de la misma allá por Prades. Un breve camino más o menos llano para entrar rápidamente en desniveles que nos llevaran a cotas más altas desde las que divisar el valle del Siurana y la sierra de Gritella. Un pequeño descanso en un prado cercano a unas ruinas de probablemente una masía abandonada tras la guerra civil, según me he documentado era habitual en la zona estos abandonos debido a la fuerte actividad del maquis. Iniciamos el descenso hasta vadear el Siurana efectuando numerosos revirajes a lo largo de un camino que se plegaba una y otra vez sobre si mismo. Antes de llegar al rio me convertí en la envidia de muchos para alegría de Eva, que estaba loca por ejecutar un rescate. Sin barro no es ruta. Antes de una de las revueltas había una zona embarrada, Eva la atravesó por la parte alta de las rodadas, no sin cierta dificultad, ya que casi saliendo el barro cedió y el Tatateam se desplazó. Como estaba a punto de superar el obstáculo la inercia, el desnivel y su propia pericia la ayudaron a salir con aparente facilidad del lance. Yo que la seguía en orden de marcha pensé: Por la derecha paso con mucha facilidad, por la izquierda el paso de Eva ha hecho más inestable el terreno y resultará más complicado. No tuve duda. Para mí no hay nada más vergonzoso que un todoterreno limpio. Sin dudarlo opté por el barro. Casi estaba fuera cuando, igual que al Tatateam, el terreno cedió bajo mis ruedas y el Tati hincó literalmente el morro por la parte derecha en el fango. Como Eva ya se había encargado de removerlo, ¡premio! me gané el dudoso honor de quedarme enganchado. Así que eslinga y al barro. Eva no se cansó de agradecerme la diversión. Se decidió que el resto del grupo superase el obstáculo por la parte derecha menos húmeda y más estable ya que íbamos algo justos de tiempo. Me consta que alguien prefirió el fango como yo, pero con bastante más éxito. Tras vadear el Siurana iniciamos de nuevo el ascenso hasta ganar el asfalto en la T704 dirección La Febró. Antes de llegar a la población nos volvimos a internar en el bosque para detenernos en un pequeño claro. El objeto de esta parada era visitar Els avencs de la Febró. Un breve paseo de 300 metros a través de un sendero nos condujo a un espectacular paraje. Una sima abierta oculta entre la vegetación donde apenas lograban colarse algunos rayos de sol, esto hacia que en la zona más profunda el frescor llegara a tornarse en frío. Reanudamos la marcha hasta ganar de nuevo el Pto de La Mussara. Esta vez con el propósito de descender por carretera hasta Alcover. Una deliciosa variedad de ensaladas y carnes asadas nos esperaban en Ca L´ermita D´alcover. A medida que las fuentes de ensalada rulaban de mano en mano sobre la mesa, la conversación entre comensales de tornaba más coloquial y derramaba la confianza que se había forjado compartiendo emociones durante dos días. Los temas de cubiertas recauchutadas y pistones dejaron paso a los comentarios cómicos de nuestras propias miserias particulares. Cuando junto a otra persona te ríes de ti mismo y tus penurias, quiere decir que no tienes miedo, que no necesitas aparentar nada que no eres, ya que tienes confianza en el otro. Es decir te sientes que estas con un amigo. De esta manera llegamos a los postres, risas, aplausos, reconocimientos y premios. El Tata más veterano Svaltu, en honor a ello exhibió algunos achaques. El más preparado Chopper. El más nobel Sergi. El que vino de más lejos JorgeB, que es como un mehari pero al revés, puede conducir sin miccionar durante más de 500kms.  Luego las despedidas y felicitaciones, agradecimientos a Peiri, Club TotugaTT y Tatateam (fabuloso) por vuestra dedicación y paciencia, a todos los que acudieron gracias por compartir con nosotros dos días y un montón de kilómetros de pasión común. A los que no pudieron acudir deseo conocerlos pronto y animarlos para la próxima. A los que debían y no acudieron una pedorreta, probablemente no están a la altura de los vehículos que venden y mucho menos de sus clientes. A Baas gracias por acompañarme incansable al fin del mundo si fuera necesario. Creo que fuimos los últimos en partir de regreso a casa, tuvimos la impresión de dejar una peculiar familia en Tarragona. Como si de los dibujos animados de Hanna-Barbera, “los autos locos” se tratara. El Tatateam bien pudieran ser Los Hermanos Macana. Por cierto ¿habéis notado el parecido del profesor Locovich con Chopper? Los demás parecidos los dejo a vuestra elección. Cansados y muy, muy satisfechos por la experiencia vivida pusimos rumbo al cruce de caminos que es Madrid, pero como no podía de otra manera conduciendo un Tata, susto tremendo. Al tomar carretera rápida, el volante vibraba una cuarta arriba y abajo. ¡Demonios! A más de 500Km de casa un domingo por la tarde y me pasa esto. Siendo un Tata lo raro era que no ocurriese. A ver recapacitemos y no perdamos la calma. Era como si las ruedas estuvieran desequilibradas pero una burrada. Me dolían los brazos de sujetar el volante con fuerza. Paré en la primera gasolinera con lanza de lavado que pillé. La rueda delantera derecha era como de una pieza del barro que tenia. Hasta piedras saqué de dentro de la llanta y unos tres kilos largos de barro.  El susto quedo en nada, y llegamos a casa con normalidad y un brazo como un jamón que tenia Baas. ¡Joder que mosquitos hay en Tarragona! Hasta Pronto.

II CONCENTRACION TATA TARRAGONA09 DIA I 13/06/2009

Después de semanas deseando que llegara ese momento, por fin estaba allí. No sin antes discutir por enésima vez con el Garmin, somos como las parejas añejas, nos hablamos, no nos escuchamos, ni nos hacemos caso pero no podemos vivir el uno sin el otro. De todos modos llegamos puntuales, hechos un manojo de nervios por la emoción de conocer en persona a todos aquellos amigos con los que compartimos una pasión pero hasta entonces no nos conocíamos. Sin embargo, como dice Fofo, era como si nos conociéramos de toda la vida. El primero con el que estreché mi mano fue Chopper y Chopper pequeño (es un decir). Esas llantas negras y las gomas de tacos hacen que sea imposible que pase desapercibido. Después de saludar a Chopper giré la cabeza hacia la izquierda y pude ver como algo de aspecto reducido pero una gran persona se acercaba a nosotros inexorablemente, se comporta igual que conduce, determinada, alegre, basta que el obstáculo sea difícil para la entren unos deseos irrefrenables de superarlo. Así conocimos a Eva que nos fue poco a poco presentado a su escudero de lujo, Manel, y todos los demás miembros del Club Tortuga TT. Disculpadme si en alguna ocasión no me presente convenientemente, pero estaba realmente acojonado.  Allí estaba también Safarito, repasando las fotos pensé en la técnica tan depurada que tiene conduciendo, con un Ex 87cv y como supera los obstáculos limpiamente. Yo de mayor me gustaría ser así. Por cierto quiero agradecer a todos los consejos que me dieron, hasta entonces todo lo que había hecho era en solitario, para bien o para mal. Gerard y Manel entre otros siempre estuvieron cerca para darme tal o cual consejo, pero si hay que dar un premio a la paciencia se lo daría a Carlos. Tatero peculiar donde los haya.  No se cansaba de darme instrucciones, a las que yo ponía cara de póker. El insistía una y otra vez. Hasta que yo miraba hacia lados con cara de suplica, donde los demás que asistían divertidos al diálogo de besugos, hasta que alguien se apiadaba y le decía a Carlos “Díselo en castellano que no te entiende”. Carlos se disculpaba e insistía incansable en las instrucciones que tras dos frases volvía a construir inconscientemente en catalán. Gracias Carlos por tu paciencia, los conceptos dreta y esquerra me quedaron claros, más que nada porque agitabas las manos en una u otra dirección. El concepto “¡molt poc a poc, poc a poc!” no me quedó tan claro, aunque intuyo que era aquello que repetías insistentemente antes de echarte las manos a la cabeza y escuchar un  “Crock” en los bajos del Tati.  Entre tanto iban llegando más componentes de la concentración, Svaltu y Marta, JorgeB, Ana y Mini Jorge B, Enrique, “Los Avis Tata”, etc  seguro que alguno me dejo, perdonadme los no nombrados. Como ya he dicho nunca antes había realizado un circuito. La experiencia fue muy grata. A mí me sirvió para reconocer mis errores, conocer las limitaciones del Tati y lo que más me sorprendió, lo que es capaz de hacer este coche. Una vez más gracias por todo lo aprendido, que a vosotros seguro os parece poco pero como dijo Einstein: “Solo hay dos cosas infinitas, el universo y la estupidez humana y de lo primero no estoy muy seguro”, pues bien mi estupidez (léase ignorancia) hoy es un poco menos infinita. Bueno después de la foto de familia, de que Blues mi perrita se quisiera comer una mano de Svaltu cuando cambiaba las ruedas a JorgeB, después de las averías de rigor de los Tatis (esto merece un capítulo aparte) las cuales afortunadamente se subsanaron y que dejaron patente el concepto de familia, más que de grupo, los que no sabíamos dejamos hacer a los que sabían y estos se volcaron con los damnificados. Pues después de todo esto a disfrutar en la cafetería de la Gasolinera CEPSA de la Tv7211 de una opípara comida en buena compañía. A nosotros nos tocó cerca a Safarito que a los postres acechaba cualquier crema catalana, deliciosa por cierto, que le rondara cerca, y no solo eso, además se quería comer el flan de alguien. Me resisto a pasar por alto el comentario de Enrique cuando nos sentamos a la mesa en tono de advertencia señalando una silla vacía a su derecha: “Aquí hay un  niño”, refiriéndose a su nieto. Se me quedo cara de susto y dije: “Coño, como será la criaturita como para que vayas advirtiéndolo de antemano” Como pude comprobar después, me explico que era un muchacho tranquilo y de lo más majo. Solo que había gente que no le gustan los niños, cosa que no puedo entender y que solo justificaría en caso de algún asilvestrado, que los hay, pero tranquilos esos acaban siendo políticos y no se sientan a tu mesa.    Tras los cafés, repostaje de los Tatis y a encarar la ruta. Cruzamos Constati que abandonamos por la calle Pallaresos donde nuestras gomas comenzaron  a probar el polvo del camino. Pronto vadeamos por primera vez el Francolí. Lo remontamos por su margen izquierda hasta la refinería, donde volvimos a vadearlo para seguir remontándolo por su derecha, hasta que dejamos atrás las llameantes torres de la planta industrial. En ese momento nos separamos en dos grupos, los que aun tienen aprecio a la pintura del Tati y los que habíamos acudido en busca de emociones fuertes. Para los segundos la cosa prometía, el cañaveral era tan espeso que apenas se intuía el camino, no me hubiera extrañado ver a Manel sobre el capó del Tatateam armado con un machete abriendo la ruta entre las cañas. Además el camino se humedecía a medida que nos internábamos hacia el norte. Lamentablemente un evento imprevisto organizado en alguna finca que deberíamos atravesar nos impidió continuar con una de las zonas más arriesgadas de la ruta. Ahora, lo divertido que era ver una hilera de Tatis dar media vuelta en un camino embarrado,  tan estrecho que los cañaverales que lo flanqueaban más que arañazos en la pintura dejaron surcos de labranza en los laterales de los Tatis. Nos volvimos a reunir con el grupo de los cabales en una finca cercana para desde allí tomar asfalto para antes de llegar a Vilallonga del Camp y enfilar el cauce seco del rio Riera de la Selva. La pista permitía darle cierta alegría controlada al pedal derecho, cosa que Eva no dudo en brindarnos. Como ella era la única que veía donde iba, los demás nos entregamos, como el rebaño sigue a su pastor, a perseguir una estela de polvo que dejaba el coche que nos precedía. De este modo y con polvo hasta las orejas alcanzamos las inmediaciones de La selva del Camp. Un corto tramo de asfalto nos llevó hasta el camino de Coma, inicio de una ascensión que a cada metro se presentaba más espectacular. En la ermita de Sant Pere hicimos un pequeño receso, allí pudimos admirar la vista sobre el Camp de Tarragona, un aperitivo de lo que nos esperaba más arriba. A partir de aquel punto y hasta la cota más alta la conducción fue un acto de Fe. El ángulo que el sol había tomado nos dejaba literalmente ciegos y el desnivel a sortear se me antoja realmente espectacular. Así que sin más referencia que los matorrales que arañaban el lateral del Tati y Dios para los creyentes ganamos la cima con el sol inundando por completo nuestros parabrisas y nuestras retinas. La oruga mecánica como debían verse nuestros vehículos desde el cielo avanzó parsimoniosamente por la cordada de la sierra a la que se encarama el Puig d´en Cama. A partir de entonces iniciamos el descenso por serpenteantes caminos que nos brindaban un maravilloso paisaje con el Mediterráneo de fondo. Lastima el aire no fuera tan limpio como la vista se merecía. Volvimos a ganar el asfalto para poner rumbo a Vilaplana desde donde, metidos de lleno en territorio de “los perfil bajo” atacamos el Puerto de La Mussara a velocidad de crucero. Durante la ascensión entre los claros de bosque mediterráneo nos deleitábamos contemplando el Baix Camp. Después de superar La Mussara volvemos a nuestro medio natural, el polvo del camino. Por pistas más sencillas atravesamos Els Motllats para ganar la carretera de La Febró y poner rumbo al final del la ruta prevista para el primer día en Prades, no sin antes despedirnos de Svaltu y Marta que lamentándolo mucho no podían seguir acompañándonos. Espero que en otra ocasión disfrutemos más tiempo de su compañía. Una vez en Prades rodamos sobre asfalto con  la oscuridad de la noche acechando y el pensamiento puesto en un confortable descanso en Fonda Toldrá en Ulldemolins. La caravana de Tatas inundo la tranquila población de la Comarca del Priorat prácticamente sin inquietar ni la hojarasca, se ve que sus gentes están acostumbradas al vaivén de los visitantes de paso. Ya instalados en la Fonda Toldrá disfrutamos de, se me antoja, una exquisita cena, excelentemente presentada, y aun más agradable al paladar que a la vista. El día culminó con una ligera tertulia en la terraza, a la que la concurrencia de las estrellas hubiera puesto un broche de oro. Por el contrario una leve lluvia no consiguió apagar los comentarios graciosos ni el intercambio de emociones vividas. Por cierto hablando de lluvia, Safarito como hombre del tiempo no tiene precio, nada más salir a la terraza dijo: “hace buena noche”, menos mal que fueron cuatro gotas que si llega a decir mala volvemos en barca. Continuara….