martes, 20 de octubre de 2009

DELTA DEL EBRO ETAPA I 11/06/2009

Antes de Participar en la II concentración Tata en Tarragona decidimos meternos un aperitivo de 2 días, el objetivo, como me recomendó Luis, era el Delta del Ebro. El primer día lo empleamos básicamente en desplazarnos hasta L´ampoya pero realizando numerosas paradas turísticas en el trayecto.
La primera Sagunto. La fortaleza romana siempre me ha fascinado, enclave importantísimo de aquella época, económica, estratégica, cultural y socialmente. Nos hacemos una idea del potencial romano subiendo a sus atalayas que dominan toda la zona, ejerciendo un control casi omnipresente sobre el puerto y los caminos que conectan el norte y centro de la comunidad valenciana además del litoral mediterráneo. Debo mencionar lo impresionado que quedé con las inscripciones funerarias que se pueden observar en un pequeño museo dentro de la fortaleza. Es curioso que de un pedazo de información de aquella época tan escueto se puedan desprender tantos trazos que nos permitan esgrimir el boceto de parte de las costumbres al uso entonces.
La segunda parada la realizamos en La Vall d´Uixó, más concretamente en el paraje de las Coves de Sant Josep una maravilla de la naturaleza. Se trata de una gruta de más de 4 kilómetros explorados de los cuales los 1932m más profundos no son accesibles al público. La visita discurre en barca a lo largo de casi 2Km de rio subterráneo y 255 metros a pie por una galería seca. Durante este placido y casi mágico viaje, para salvaguardar la integridad de nuestras cabezas, deberemos vigilar las estalactitas que cuelgan del techo y que crecen al orden de 1cm cada 100años creando formaciones caprichosas. En ocasiones la escasa altura de la gruta nos obliga a agacharnos de manera considerable en el interior de la barca. La temperatura constante de 20º sin ser excesivamente fresca si resulta un alivio para el visitante veraniego.
La tercera parada, para mi casi obligada siempre que paso por la zona, fue Benicassim. El licor de hierbas elaborado artesanalmente en las Bodegas Carmelitano según la antigua receta de los monjes carmelitas que moraban, y aún lo hacen en instalaciones más modernas, en el Desert de les Palmes, es razón más que suficiente para detenerme en el lugar. En primer lugar ascendimos hasta las antenas repetidoras en el monte Bartolo 730m. con desniveles del 18% en su tramo final. Desde lo más alto se puede contemplar una completa panorámica del Desert de les Palmes con Benicassim al fondo bañado por el mediterráneo que desde aquí ofrece una imagen de inmensidad. Si miramos hacia el sur podemos ver Castellón y la comarca de La Plana alta. Al monte Bartolo se pude acceder desde dos puntos, ambos arrancan de la carretera que nos lleva desde el mismo pueblo de Benicassim al Desert de les Palmes. Uno de ellos totalmente asfaltado comienza a la altura del centro de espiritualidad carmelita, donde a mano derecha vemos una indicación, casa de oración con una bifurcación en “Y”, la de la derecha nos lleva directos lo alto del monte. La otra vía la encontraremos tras dejar atrás el centro de espiritualidad y las ruinas del castillo de Montornes, solo accesible a pie, entonces tomaremos la primera pista a la derecha. Por esta pista encontraremos la Font de la Mola, que tomamos como referencia para desviarnos por otra pista a la derecha trazando una horquilla. Cuando volvemos a encontrar asfalto lo tomamos a la izquierda directos al monte Bartolo. Tras las fotos de rigor volvimos a Benicassim para visitar las Bodegas Carmelitano. Antes nos detuvimos unos minutos en el mirador del Desert a pie de carretera, desde este se puede acceder a pie a las ruinas del antiguo monasterio. Una vez en Benicassim, por un módico precio 2,5€, podemos visitar con guía las instalaciones de las bodegas, entre las que hay que destacar un pequeño museo de botellas, utensilios y maquinaria antigua, barricas de roble de más de 100 años aún en uso y degustar todas las variedades de sus productos. Destacar por su singularidad y paladar el licor de hierbas, elaborado con ingredientes de la zona del Desert, y el Moscatel elaborado con uva de Requena-Utiel, ya que el urbanismo acabó con los viñedos de la zona, aunque no por ello su degustación deja de ser un placer como pocos. Destacar el trato amable y cordial del personal de las bodegas.
La cuarta parada la protagonizó otro enclave singular de la zona por pintoresco e histórico, Peñiscola. No solo por la espectacular estampa que ofrece el castillo del Papa Luna colgado del acantilado donde rompe el mar. Perderse por los callejones del casco antiguo, acertadamente conservado, contemplar la composición de casas blancas y azules puertas, persianas y quicios de ventanas, hacen del paseo entre los tenderetes de recuerdos una atracción por sí mismo. No pudimos visitar el castillo en su interior por que nos acompañaba nuestra perrita, me consta por anteriores visitas que merece la pena detenerse, al igual que tomar un barco para realizar el recorrido marítimo alrededor del castillo desde el cual se pueden obtener perspectivas fotográficas espectaculares desde el mar.
Dejamos Peñiscola poniendo nuestras miras sin más dilación en el destino final, L´ampoya. Llegamos entrada la noche al camping donde acampamos a la luz de los faros de Tata y por indicación del guarda haciendo el menor ruido posible. ¿Ruido? Gracias a que el suelo era mullido no usamos el martillo para clavar las piquetas, pero podíamos haber utilizado perfectamente un martillo neumático sin problemas. La sinfonía que provenía de los arrozales a menos de 2 metros era ensordecedora, grillos, insectos, ranas, sapos y vete tú a saber cuantos cientos de criaturas más nos recibieron con un recital acústico-festivo sin par. El Delta del Ebro nos ofreció como bienvenida un alarde de vida y naturaleza en forma sonora.

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