Este día comenzábamos la ruta del Delta propiamente dicha. Lo primero es lo primero, café y tostadas en una terracita frente al puerto, desde la cual podíamos divisar nuestro primer objetivo en el Delta, la Península del Fangar. Nos adentramos en el Delta desde la misma playa de L´ampoya con la sensación de internarnos en un laberinto flanqueado por canales, acequias y campos de arroz de vez en cuando salpicados por barracas de techos de paja y accesos custodiados por arbustos con vistosas flores de colores. Garcetas blancas, patos, flamencos, gaviotas reidoras y un sinfín de aves diferentes nos acompañaron durante todo el trayecto. Como es época de anidamiento, cuando nos bajábamos de Tati para hacer alguna foto, algunas de las aves nos acechaban profiriendo diversos graznidos a cuyo llamamiento acudían más congéneres en defensa de aquellos que sentían sus nidos amenazados. Nada más lejos de nuestra intención que incomodar a los moradores naturales de la zona, por lo que procurábamos detenernos lo justo para realizar las fotografías y continuar la marcha. Alcanzamos la Playa de las Marquesas, desde la que un camino arenoso a la izquierda nos adentra en la península del Fangar. En la misma está terminantemente prohibido salirse de la pista convenientemente señalizada, ya que anidan numerosas aves, tan cerca de la pista que los nidos se pueden apreciar en el suelo incluso desde el coche. La península es un istmo bastante amplio totalmente arenoso, tanto que de tomar en determinada perspectiva una fotografía podría dar el pego de que te encuentras en el desierto. Nos dirigimos al faro, imposible que pase inadvertido en una amplia llanura con sus franjas rojas y blancas, la única construcción de altura en toda la península exceptuando un pequeño observatorio de aves de apenas 6 metros. Terminamos la visita a la península llegándonos hasta la misma punta y siempre sin salirnos de las pistas nos despedimos con un trompo. Pusimos rumbo al Graxal justo en la desembocadura del Ebro, aunque con cierta indignación. Los aficionados al off-road siempre estamos en el punto de mira, en el filo de la legalidad, sin embargo y a pesar de estar perfectamente señalizado, los vehículos que pude ver fuera de las pistas en esta zona protegida, curiosamente no eran todoterrenos aficionados al off-road. Se trataban de turismos y por su aspecto no estaban haciendo turismo precisamente. ¿Dónde estaban los agentes de medio ambiente? ¿Dónde estaban los encargados de velar por la integridad del parque natural y de que se cumplan las restricciones? Sin más llegamos al Garxal, que es una zona totalmente restringida al paso de vehículos justo en la margen izquierda en desembocadura del rio. Desde allí remontamos toda la margen izquierda hasta Deltebre con la intención de tomar el servicio de transbordado La Cava. Llegamos sobre las 14:00 por lo que debimos esperar a que se reanudara el servicio del único transbordador operativo de la zona a eso de las 15:00. Por lo que pude averiguar hay otros servicios de paseos en lanchas pero solo este por 3€ te cruza el coche con los pasajeros a la otra orilla. Una vez en el otro margen del rio alcanzamos el mar en la playa del eucalipto, desde allí y hasta Salinas de la Trinidad pudimos conducir por las arenas de la playa del Trabucador durante kilómetros y lo mejor de todo legalmente, eso sí con cuidado pues está bastante concurrido. Concluido el estrecho tramo del trabucador con mar a ambos lados y donde comienza la península de la Banya propiamente dicho nos vimos obligados a dar media vuelta, ya que a partir de Port Dels Alfacs se trata de nuevo de zona totalmente restringida para proteger la fauna. Ya por asfalto salimos del Delta muy satisfechos acercándonos a Sant Carles de la Rápita y desde allí a Tortosa, debido a la escasez de tiempo disponible nos quedamos con las ganas de visitar más detenidamente estas dos localidades. Desde Tortosa iniciamos el ataque del puerto de Tortosa-Beicite, nuestro objetivo era admirar el Delta desde altura y adentrarnos en el Parque natural Dels Ports. Lo primero solo lo pudimos intuir, una vez más la deficiente visibilidad del litoral mediterráneo nos volvía a traicionar. En compensación pudimos admirar unas formaciones rocosas que observándolas detenidamente parecen apreciarse varias caras talladas en la roca. Siguiendo con la ascensión encontramos también un curioso monumento encaramado a un picacho homenaje a la cabra salvaje. Una vez en lo más alto abandonamos el asfalto para internarnos en Els Ports. Una maravilla de bosques de hayas, pino negro y robles. A través de estas pistas se puede acceder a la zona del pico de los tres reyes donde coinciden las provincias de Teruel, Tarragona y Castellón. Entre tanto bosque y montaña el GPS no conseguía obtener una señal constante y nos jugó alguna de las suyas para darle emoción y aunque las bacheadas pistas no eran muy exigentes la perspectiva de la inminente noche nos hizo optar por poner rumbo a la señal de civilización más cercana. Lastima que siempre andamos escasos de tiempo, la zona es preciosa y no menos fue el regreso por carretera. El primer indicio de humanidad lo encontramos en Fredes antesala de Pobla de Benifassa, prometo volver a visitar esta zona. Desde la carretera pude apreciar el monasterio de Benifassa, el espectacular color turquesa de las aguas del rio Senia, supongo que por el reflejo de la vegetación o por la luz del atardecer aun cuando fluye el agua mansamente en el embalse de Ulldecona. Lamentablemente estos dos días no dieron más de sí. A la mañana siguiente nos esperaban un montón de amigos en Constanti.
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