martes, 20 de octubre de 2009

II CONCENTRACION TATA TARRAGONA09 DIA I 13/06/2009

Después de semanas deseando que llegara ese momento, por fin estaba allí. No sin antes discutir por enésima vez con el Garmin, somos como las parejas añejas, nos hablamos, no nos escuchamos, ni nos hacemos caso pero no podemos vivir el uno sin el otro. De todos modos llegamos puntuales, hechos un manojo de nervios por la emoción de conocer en persona a todos aquellos amigos con los que compartimos una pasión pero hasta entonces no nos conocíamos. Sin embargo, como dice Fofo, era como si nos conociéramos de toda la vida. El primero con el que estreché mi mano fue Chopper y Chopper pequeño (es un decir). Esas llantas negras y las gomas de tacos hacen que sea imposible que pase desapercibido. Después de saludar a Chopper giré la cabeza hacia la izquierda y pude ver como algo de aspecto reducido pero una gran persona se acercaba a nosotros inexorablemente, se comporta igual que conduce, determinada, alegre, basta que el obstáculo sea difícil para la entren unos deseos irrefrenables de superarlo. Así conocimos a Eva que nos fue poco a poco presentado a su escudero de lujo, Manel, y todos los demás miembros del Club Tortuga TT. Disculpadme si en alguna ocasión no me presente convenientemente, pero estaba realmente acojonado.  Allí estaba también Safarito, repasando las fotos pensé en la técnica tan depurada que tiene conduciendo, con un Ex 87cv y como supera los obstáculos limpiamente. Yo de mayor me gustaría ser así. Por cierto quiero agradecer a todos los consejos que me dieron, hasta entonces todo lo que había hecho era en solitario, para bien o para mal. Gerard y Manel entre otros siempre estuvieron cerca para darme tal o cual consejo, pero si hay que dar un premio a la paciencia se lo daría a Carlos. Tatero peculiar donde los haya.  No se cansaba de darme instrucciones, a las que yo ponía cara de póker. El insistía una y otra vez. Hasta que yo miraba hacia lados con cara de suplica, donde los demás que asistían divertidos al diálogo de besugos, hasta que alguien se apiadaba y le decía a Carlos “Díselo en castellano que no te entiende”. Carlos se disculpaba e insistía incansable en las instrucciones que tras dos frases volvía a construir inconscientemente en catalán. Gracias Carlos por tu paciencia, los conceptos dreta y esquerra me quedaron claros, más que nada porque agitabas las manos en una u otra dirección. El concepto “¡molt poc a poc, poc a poc!” no me quedó tan claro, aunque intuyo que era aquello que repetías insistentemente antes de echarte las manos a la cabeza y escuchar un  “Crock” en los bajos del Tati.  Entre tanto iban llegando más componentes de la concentración, Svaltu y Marta, JorgeB, Ana y Mini Jorge B, Enrique, “Los Avis Tata”, etc  seguro que alguno me dejo, perdonadme los no nombrados. Como ya he dicho nunca antes había realizado un circuito. La experiencia fue muy grata. A mí me sirvió para reconocer mis errores, conocer las limitaciones del Tati y lo que más me sorprendió, lo que es capaz de hacer este coche. Una vez más gracias por todo lo aprendido, que a vosotros seguro os parece poco pero como dijo Einstein: “Solo hay dos cosas infinitas, el universo y la estupidez humana y de lo primero no estoy muy seguro”, pues bien mi estupidez (léase ignorancia) hoy es un poco menos infinita. Bueno después de la foto de familia, de que Blues mi perrita se quisiera comer una mano de Svaltu cuando cambiaba las ruedas a JorgeB, después de las averías de rigor de los Tatis (esto merece un capítulo aparte) las cuales afortunadamente se subsanaron y que dejaron patente el concepto de familia, más que de grupo, los que no sabíamos dejamos hacer a los que sabían y estos se volcaron con los damnificados. Pues después de todo esto a disfrutar en la cafetería de la Gasolinera CEPSA de la Tv7211 de una opípara comida en buena compañía. A nosotros nos tocó cerca a Safarito que a los postres acechaba cualquier crema catalana, deliciosa por cierto, que le rondara cerca, y no solo eso, además se quería comer el flan de alguien. Me resisto a pasar por alto el comentario de Enrique cuando nos sentamos a la mesa en tono de advertencia señalando una silla vacía a su derecha: “Aquí hay un  niño”, refiriéndose a su nieto. Se me quedo cara de susto y dije: “Coño, como será la criaturita como para que vayas advirtiéndolo de antemano” Como pude comprobar después, me explico que era un muchacho tranquilo y de lo más majo. Solo que había gente que no le gustan los niños, cosa que no puedo entender y que solo justificaría en caso de algún asilvestrado, que los hay, pero tranquilos esos acaban siendo políticos y no se sientan a tu mesa.    Tras los cafés, repostaje de los Tatis y a encarar la ruta. Cruzamos Constati que abandonamos por la calle Pallaresos donde nuestras gomas comenzaron  a probar el polvo del camino. Pronto vadeamos por primera vez el Francolí. Lo remontamos por su margen izquierda hasta la refinería, donde volvimos a vadearlo para seguir remontándolo por su derecha, hasta que dejamos atrás las llameantes torres de la planta industrial. En ese momento nos separamos en dos grupos, los que aun tienen aprecio a la pintura del Tati y los que habíamos acudido en busca de emociones fuertes. Para los segundos la cosa prometía, el cañaveral era tan espeso que apenas se intuía el camino, no me hubiera extrañado ver a Manel sobre el capó del Tatateam armado con un machete abriendo la ruta entre las cañas. Además el camino se humedecía a medida que nos internábamos hacia el norte. Lamentablemente un evento imprevisto organizado en alguna finca que deberíamos atravesar nos impidió continuar con una de las zonas más arriesgadas de la ruta. Ahora, lo divertido que era ver una hilera de Tatis dar media vuelta en un camino embarrado,  tan estrecho que los cañaverales que lo flanqueaban más que arañazos en la pintura dejaron surcos de labranza en los laterales de los Tatis. Nos volvimos a reunir con el grupo de los cabales en una finca cercana para desde allí tomar asfalto para antes de llegar a Vilallonga del Camp y enfilar el cauce seco del rio Riera de la Selva. La pista permitía darle cierta alegría controlada al pedal derecho, cosa que Eva no dudo en brindarnos. Como ella era la única que veía donde iba, los demás nos entregamos, como el rebaño sigue a su pastor, a perseguir una estela de polvo que dejaba el coche que nos precedía. De este modo y con polvo hasta las orejas alcanzamos las inmediaciones de La selva del Camp. Un corto tramo de asfalto nos llevó hasta el camino de Coma, inicio de una ascensión que a cada metro se presentaba más espectacular. En la ermita de Sant Pere hicimos un pequeño receso, allí pudimos admirar la vista sobre el Camp de Tarragona, un aperitivo de lo que nos esperaba más arriba. A partir de aquel punto y hasta la cota más alta la conducción fue un acto de Fe. El ángulo que el sol había tomado nos dejaba literalmente ciegos y el desnivel a sortear se me antoja realmente espectacular. Así que sin más referencia que los matorrales que arañaban el lateral del Tati y Dios para los creyentes ganamos la cima con el sol inundando por completo nuestros parabrisas y nuestras retinas. La oruga mecánica como debían verse nuestros vehículos desde el cielo avanzó parsimoniosamente por la cordada de la sierra a la que se encarama el Puig d´en Cama. A partir de entonces iniciamos el descenso por serpenteantes caminos que nos brindaban un maravilloso paisaje con el Mediterráneo de fondo. Lastima el aire no fuera tan limpio como la vista se merecía. Volvimos a ganar el asfalto para poner rumbo a Vilaplana desde donde, metidos de lleno en territorio de “los perfil bajo” atacamos el Puerto de La Mussara a velocidad de crucero. Durante la ascensión entre los claros de bosque mediterráneo nos deleitábamos contemplando el Baix Camp. Después de superar La Mussara volvemos a nuestro medio natural, el polvo del camino. Por pistas más sencillas atravesamos Els Motllats para ganar la carretera de La Febró y poner rumbo al final del la ruta prevista para el primer día en Prades, no sin antes despedirnos de Svaltu y Marta que lamentándolo mucho no podían seguir acompañándonos. Espero que en otra ocasión disfrutemos más tiempo de su compañía. Una vez en Prades rodamos sobre asfalto con  la oscuridad de la noche acechando y el pensamiento puesto en un confortable descanso en Fonda Toldrá en Ulldemolins. La caravana de Tatas inundo la tranquila población de la Comarca del Priorat prácticamente sin inquietar ni la hojarasca, se ve que sus gentes están acostumbradas al vaivén de los visitantes de paso. Ya instalados en la Fonda Toldrá disfrutamos de, se me antoja, una exquisita cena, excelentemente presentada, y aun más agradable al paladar que a la vista. El día culminó con una ligera tertulia en la terraza, a la que la concurrencia de las estrellas hubiera puesto un broche de oro. Por el contrario una leve lluvia no consiguió apagar los comentarios graciosos ni el intercambio de emociones vividas. Por cierto hablando de lluvia, Safarito como hombre del tiempo no tiene precio, nada más salir a la terraza dijo: “hace buena noche”, menos mal que fueron cuatro gotas que si llega a decir mala volvemos en barca. Continuara….

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